269 aniversario del hijo predilecto de Chachapoyas don Alejandro Toribio Rodríguez de Mendoza

Estamos a 2 años de celebrar el Bicentenario de nuestra Independencia y como Chachapoyanos y Amazonenses no debemos ser ajenos a reivindicar la participación del pueblo amazonense en la gesta emancipadora, ofrendando incluso su vida en pro de la Libertad.

Dentro de esta lista importante de Hijos de Chachapoyas y Amazonas destaca sobre todos EL HIJO PREDILECTO DE CHACHAPOYAS, el Precursor y Prócer, el Maestro y Padre de la Patria por antonomasia y con justo derecho, el Sacerdote que siguiendo la enseñanza de Cristo supo formar mentes y espíritus, engendrando un selecto grupo que en base a los ideales de libertad formarían nuestra Patria llamada Perú.

Es este Maestro que ahora nos reúne y a quién rendimos el grato homenaje en el aniversario de sus 269 años de natalicio. Me refiero al Doctor Don Alejandro Toribio Rodríguez de Mendoza y Collantes.

Rodríguez de Mendoza, nació en esta ciudad de San Juan de la Frontera de los Chachapoyas un 17 de abril de 1750, primogénito del matrimonio de los criollos chachapoyanos el Maestre de Campo y Miembro del Tribunal del Santo Oficio don Santiago Rodríguez de Mendoza Hernani de Arbildo y de doña María Josefa Collantes Paniagua García de Perea. Cabe mencionar que la familia Rodríguez de Mendoza durante el siglo XVIII, fue la familia más influyente de la sociedad chachapoyana, teniendo en sus manos el poder comercial, económico, político y religioso del nororiente peruano demostrado en sus bastos terrenos y dominios, gozaron de asiento y sepultura en el templo de la Inmaculada Concepción del Convento Franciscano de Santa Clara y luego de costear la reconstrucción desde los cimientos, mudando el cañón y puerta principal hacia la Plaza Mayor, de la iglesia Matriz San Juan Bautista en el año de 1750, obtienen nuevos privilegios de asiento y sepultura en dicho templo.

A estas obras se debe que nuestro Precursor y Prócer es bautizado en el Templo de Nuestra Señora de Belén con el nombre de Alexo Toribio un 18 de julio de 1750, por el Sacerdote Antonio Vicente Meléndez, su segundo nombre se debe a que su padre fue ferviente devoto del ilustre Obispo de Lima San Alfonso Toribio de Mogrovejo, quién visitase en dos oportunidades esta ciudad y en cuyo honor mando a construir un altar y retablo en cedro dorado.

A temprana edad don Toribio y su hermano José Fabián quedan huérfanos de madre, producto de un accidente montando a caballo, este suceso marco su infancia quedando bajo la tutela de su padre.
Sus primeros estudios lo realizó dentro de la casa paterna, hoy nuestro obispado, donde aprendió las primeras letras, seguramente bajo la mirada atenta de algún maestro que se ceñía a la doctrina de la Iglesia Católica y las leyes de indias.

A los 12 años parte a Trujillo donde ingresar al Seminario San Carlos y San Marcelo, donde estudia gramática y latinidad, se abre para él un nuevo mundo y toda una vida dedicada al estudio.
El 29 de julio de 1766, merced a una beca de paga y por decreto del Ilustrísimo Sr. Arzobispo Dr. Don Diego Antonio de Parada ingresa al Seminario de Santo Toribio de Lima, donde se graduó en Artes. Durante el tiempo que duró sus estudios, dicho seminario estuvo bajo el rectorado de dos ilustres sacerdotes como lo fueron el Dr. D. Agustín de Gorrichátegui, luego Obispo del Cusco y por el humanista Dr. D. Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda, después Obispo de Trujillo, conocido por su obra el Códex de Trujillo en base a su visita pastoral a su extensa Diócesis, incluyendo esta ciudad realizada en diciembre de 1782.

Brillante fue el paso de Rodríguez de Mendoza por los claustros toribianos. Siempre siguió a sus exámenes la nota de “aprobado por todos los votos”. El 22 de octubre de 1769 obtiene la distinción de “pasante de Artes” y entraba “a beca de la merced”.

El 22 de setiembre de 1770, contando con veinte años, obtiene el doctorado en Teología en la Universidad Mayor de San Marcos.
Al fundarse al año siguiente el Real Convictorio de San Carlos, el virrey Manuel Amat y Juniet lo convocó y ordenó por decreto honorífico del 20 de diciembre de 1771, para que formara parte del cuerpo docente del flamante centro de estudios, siendo nombrado profesor de Filosofía y Teología. En reconocimiento a sus méritos, en 1773 fue designado para la cátedra de Maestro de las Sentencias en San Marcos. Luego en 1778 recibe las órdenes menores y el presbiterado.

El 16 de abril de 1779 en San Marcos se graduó de bachiller en Sagrados Cánones y se recibió de abogado el 5 de junio del mismo año ante la Real Audiencia de Lima.

En 1780 por oposición obtuvo un curato en Marcabal, un remoto pueblo en la serranía de Trujillo, debido a su enfermedad, el 17 de junio de 1780, solicita al entonces Obispo de Trujillo monseñor Martínez de Compañón, permuta por enfermedad con don Marcos Muñoz de Valdez, cura y vicario de Chiliquín, según la documentación existente en el Archivo Histórico del Obispado de Chachapoyas, dicha permuta no se lleva a cabo y luego de algunos años en 1785 fue llamado para que asumiera como vicerrector del Real Convictorio de San Carlos, debido a que este centro de estudios había tenido un estancamiento.

Por su labor eficaz, en 1786 pasó a ejercer el rectorado interino y en 1788 el titular, que conservó por 30 años hasta renunciar en 1817, en plena efervescencia revolucionaria.
Para desarrollar su labor educativa contó con el apoyo de los sacerdotes Mariano de Rivero y Araníbar y de José Ignacio Moreno. Recibió también el apoyo e influencia externa de don José Baquíjano y Carrillo, Conde de Vistaflorida y sobre todo del Padre Diego de Cisneros de la Orden de San Jerónimo del Escorial, el último en su librería y casa de la calle de Santa Teresa, luego de la lectura de los libros prohibidos y de largas conversaciones nocturnas introdujo a nuestro Precursor en las nuevas ideas liberales propias del ilustralismo europeo.

Baquíjano o Cisneros serán los introductores de don Toribio en la Academia Filarmónica de Rossi y Rubí y en 1790 es incorporado como miembro de la Sociedad de Amantes del País, la misma que fundó el célebre Mercurio Peruano.

En el Convictorio empezó a hacer una notable reforma educativa. Modernizó el sistema de enseñanza atacando el viejo método memorístico y dándole paso a la comprensión; el alumno debía leer para comprender, no para repetir mecánicamente. Reforzó los estudios de ciencias naturales y de física, para lo cual pidió a la corte materiales y laboratorios que nunca llegaron, impulsó la enseñanza de las matemáticas, y propugnó la creación de nuevas asignaturas que estudiasen al Perú.

El maestro Rodríguez de Mendoza educó también a sus alumnos en los nuevos principios políticos y filosóficos surgidos en la Europa liberal. Comprendiendo avizoradamente que la independencia era inevitable, se preocupó por formar una clase dirigente peruana, que debía trabajar por el bien del país y de servirlo patrióticamente.

Es así que en San Carlos, se reunió lo más selecto de los círculos sociales de América Latina y a su vez la flor y nata de la intelectualidad y del patriotismo. Lima estuvo representada por don Manuel Lorenzo Vidaurre, don José Joaquín de Larriva y Ruiz y don Francisco Javier Mariátegui; Lambayeque, por Juan Manuel Iturregui y Justo Figuerola; Trujillo, por Luis José de Orbegoso; Huamachuco por José Faustino Sánchez Carrión; Chachapoyas por Juan Antonio de Andueza; Guayaquil por José Joaquín de Olmedo; Pisco por Carlos y Manuel José Pedemonte; Ica por Juan de Dios de Olachea y Arnao; Arica por Manuel Pérez de Tudela; Chile por Bernardo O’Higgins y Jerónimo de Vivar y de Panamá don José María Anzoáteguí y Ortiz, entre otros.

En 1793 asumió sucesivamente como catedrático de Artes y de Prima de Escritura, en la Universidad de San Marcos. Introdujo allí mejoras en el plan de estudios, cambiando la vieja rigidez del escolasticismo por las nuevas corrientes de la Ilustración.

El 30 de junio de 1801 fue elegido vicerrector de la Universidad de San Marcos. Cuando estalló en América la revolución juntista y se desató desde el Perú la represión absolutista encarnada por el virrey José Fernando de Abascal, el Convictorio de San Carlos estuvo en la mira de las autoridades virreinales, al estar sindicado como proclive a las ideas libertarias. El virrey ordenó la visita de dicho centro de estudios, la misma que estuvo a cargo del oidor Manuel Pardo Ribadeneira. Temiendo su inevitable destitución, Rodríguez de Mendoza presentó su renuncia al rectorado el 13 de mayo de 1817.

Rodríguez de Mendoza se dedicó entonces a los deberes propios de su canonjía teologal, que había obtenido en 1814. Pero pronto vio cristalizarse sus ideales patrióticos, cuando el ejército libertador ocupó Lima en julio de 1821, siendo el 15 de julio del mismo año uno de los primeros en firmar el Acta de la proclamación de la Independencia.

Instalado el gobierno del Protectorado del general José de San Martín, asumió la presidencia de la Junta Eclesiástica de Purificación. En 1822 fue asociado a la Orden del Sol y a la Sociedad Patriótica.

Fue elegido diputado por Trujillo, y le correspondió presidir las sesiones preparatorias del Primer Congreso Constituyente del Perú de 1822, proponiendo para el país las bases de nuestra Constitución. Ya anciano, tuvo la alegría de ver de los 64 diputados a 54 de sus antiguos alumnos carolinos como diputados de este primer congreso, hecho que le llevo a llorar de emoción por largo rato, al grado de suspenderse la sesión para atender al afligido eclesiástico.

Como síntoma elocuente de las ideas inculcadas por el viejo maestro, estos diputados firmaron un Manifiesto que decía a la letra:
“A los indios de las provincias interiores. Nobles hijos del sol, amados hermanos, a vosotros virtuosos indios […] y no os asombre que os llamemos hermanos: lo somos en verdad, descendemos de los mismos padres, formamos una sola familia […]”
Citó la “Gaceta del Gobierno” del 23 de agosto de 1823, para comprobar la alta consideración en que se le tenía, pues al referirse a él se le trata de:
“[…] anciano venerable a quien la juventud limeña (yo agregaría también la juventud de Latinoamérica) es deudora de su educación y luces y lo respeta como a su mentor y maestro”
Consolidada la independencia fue nombrado decano del Colegio de Abogados de Lima y rector de la Universidad Mayor de San Marcos. En cuyo ejercicio falleció el 10 de junio de 1825 a la edad de 75 años, después de recibir los auxilios que la fe brinda y la Santa comunión de manos del Dr. Charún cura del Sagrario, en medio de una pobreza material pero con una gran riqueza espiritual que supo acumular como Sacerdote e hijo del Perú independiente.

Como dije al iniciar estamos a escasos 2 años del Bicentenario y como chachapoyanos y amazonenses tenemos la obligación de hacer todo lo que está en nuestras manos, como ciudadanos y autoridades para reivindicar la importancia que tiene nuestro Precursor y Prócer en favor de nuestra independencia, que sea incluido en la curricula del Ministerio de Educación a nivel nacional para las Instituciones Educativas, se merece tener en nuestra Plaza Mayor un digno monumento de cuerpo entero y del mismo modo en el parque Universitario en Lima, frente a la Casona de San Marcos y sobre todo tenemos la obligación de conocerlo y darlo a conocer al igual que hicieron nuestros padres Y maestros, quienes desde niños nos enseñaron a querer al más celebre e ilustre hijo que esta ciudad supo dar a nuestra Patria.
Que sus ideales y el ejemplo de vida sea la fuente y aliciente para trabajar desde el lugar donde nos encontremos y en el cargo que desempeñamos por el progreso de Chachapoyas, de Amazonas y el Perú, teniendo presente que solo por medio de la educación lograremos la anhelada libertad.
¡GLORIA Y HONOR A DON ALEJANDRO TORIBIO RODRÍGUEZ DE MENDOZA Y COLLANTES!
Por: Alejandro Alvarado Santillán