El encanto de Rodríguez de Mendoza

Por: Manuel Cabañas López

Quizá muchos de los que leen este artículo, sepan el encanto de la provincia de Rodríguez de Mendoza, otros; habrán escuchado que en Amazonas y bien al sur existe una tierra donde los ojos de las mujeres se confunden con el cielo y su cabello rubio se comparan con los rayos del sol. Yo también escuché lo mismo y tengo mucha cercanía con esta hermosa tierra y por razones bien contundentes. En Limabamba nació mi madre, en Callejón viven mis suegros y los abuelos de mis hijos.

En Mendoza, existe el abrazo eterno, la voz musical (un dejo especial), la sinceridad y las ganas de todos sus hijos por hacerla grande y próspera. No por algo un porcentaje y bien considerable de “guayachos” se encuentran dispersos por el mundo y con poco o mucho contribuyen económicamente con sus familias y con su tierra. Una gran colonia se encuentra en España, destino final de mariscalinos que hoy quieren cobrarse la revancha con los de la península y “conquistarlos” en el siglo XXI.

San Nicolás, la capital de la provincia, está a tres horas de la ciudad de Chachapoyas. Este inmenso valle que se divide en el “chico” y “grande” pertenecía al Corregimiento de Chachapoyas y fue conquistado por un grupo de aventureros que hicieron de la zona haciendas de grandes extensiones y motivo de evangelización cristiana, creando la primera iglesia en Santa Rosa, lugar donde Antonio Raymondi, descubre las primeras fábricas de azúcar del nororiente peruano. Hoy tal vez, sea la panela. Tomémosle en el buen sentido de la palabra eso de “aventureros”, ya que se su exploración se maneja una serie de teorías que no vale la pena entrar en contradicciones y de eso hay un “shunto” (*)en Amazonas.

Pasado quince minutos de viaje de Izcuchaca, dos cerros se abren poco a poco como puertas que nos dan la bienvenida al valle, que es como una mesa de villar, plana bien plana, se ven los hilos de humo que salen de las casas que dependiendo de la hora, están sancochando yucas, plátanos o preparando su olleta de café. Se ve desde arriba, los pueblos de Michina. Longar, Zubiate Puquio, Huambo, Mariscal Benavides y San Nicolás con su barrio de Carapungo y Juandil. En el otro valle se yerguen Limabamba, Santa Rosa, Totora. Más adentro, Omia, Nuevo Horizonte, Mashuayacu, Nuevo Chachapoyas y Vista Alegre el distrito más distante de este provincia.

Hoy afirmo, que si Dios creo el Edén en la tierra, debió ser Mendoza, porque en ella crece de todo un poco, pero suficiente para alimentar a sus 30 mil hijos. Yuca, café orgánico (que es de exportación), caña de azúcar, fríjol, maíz, ni que decir de su dulce aguardiente, que a veces lo confundo con el pisco que por allí van en ricura y calidad. Es el Edén porque cuando caminas por sus calles vemos a tantas Evas que son la tentación de los mortales. Debe ser el Edén, porque viven con la paz y la tranquilidad que el tiempo te da. Si quieres humearte un rato y lamer cachazo, hay decenas de trapiches caseros donde luego del proceso debido se produce la chancaca o el “licor guayacho”. Vas a los ríos y te bañas en sus aguas placenteras y “suavitas” sin miedo a las olas o al cáncer de la piel. ¡Qué quieren que les diga más de Mendoza!. Mejor es que se la pueda visitar, estar cerca de la gente. Estar en Mendoza, es volver a la vida. Es fortalecer nuestras creencias. Es soñar despiertos.

En esta tierra hermosa, tengo muchos recuerdos de niño cuando convivía con mis abuelos maternos. Como no ser agradecidos, si no me olvido de las madrugadas para colocar el garlito y sacar cuanto plateao caiga en la trampa y sin más ni más, meterlo al perol y empacharse con su choclo y su café endulzao con chancaca. Donde comí 25 huevos fritos en un día y amanecí en la posta por empacho. Donde mis hijos gozan del calor de mis suegros. Donde es el lugar preferido para descansar unos días y volver a casa, fresco y purificado por la tierra de las mushas. Esa tierra donde tiene de todo, pero algo le falta: TÚ. ¡ Visítala !

#ESFERARADIO