El parque que todos queremos

Por: Mirbel Epiquién

A quién no le gusta en una tarde de sol radiante echarse sobre la hierba fresca de un parque debajo de la sombra de un frondoso árbol, y mientras disfruta de la frescura de un viento suave cerrar los ojos para soñar por un momento.

No hay placer más sano, relajante y barato que disfrutar de la naturaleza en un ambiente libre, seguro y limpio. El biólogo norteamericano Edwar E. Wilson acuñó el concepto de biofilia para describir nuestra conexión innata con la naturaleza, no hay persona que de una u otra manera busque en algún momento de su vida estar en contacto con una playa, una montaña, con plantas, animales o con lo más cercano, un parque, pero no ese parque lleno de monumentos, piletas y cemento, sino un parque con árboles, hierba verde, flores y el sonido de avecillas que revolotean de un lado a otro.

En cualquier ciudad del mundo se puede encontrar parques a donde la gente asiste para disfrutar de una tarde familiar o amical para conversar, descansar y compartir momentos agradables. Ciudades como Nueva York, Paris, Londres, Shanghai, Bogota o Santiago de Chile tienen políticas envidiables en el desarrollo de espacios públicos llenos de vegetación de libre acceso. Extensas áreas verdes con árboles y servicios básicos como baños o puestos de comida atraen a miles de personas de la ciudad que encuentran en estos lugares un espacio democrático de convivencia ciudadana. Niños jugando, personas leyendo un libro o abuelas paseando a sus mascotas, son imágenes recurrentes en estos espacios abiertos. Es el nuevo paradigma del desarrollo, lo que los expertos denominan como infraestructura verde.

Mientras que en otras partes del mundo los alcaldes están destruyendo el cemento para crear áreas verdes para el disfrute de la gente, en nuestro país los alcaldes se esfuerzan en instalar losetas, piletas, monumento y con suerte pequeños arbustos dispersos como decoración. Creen que cuanto más cemento haya en el parque mejor señal de trabajo y obra, idea anacrónica y tercermundista. Siempre he creído que Chachapoyas necesita más espacios públicos que solo sus tres principales parques, lugares a donde puedan ir los niños y correr libremente, un lugar en donde las familias puedan disfrutar de una fresca tarde chachapoyana sin que alguien les diga que está prohibido pisar el césped, en donde uno pueda tomar una siesta sin que un sereno municipal nos interrumpa. Estos nuevos conceptos de espacios públicos bien podrían hacerse en una pequeña ciudad como Chachapoyas que aún tienen espacios libres alrededor, sin embargo a sus autoridades parece que invertir en parques es solo pintar bancas o piletas más que pensar en un proyecto de este tipo.

Sin embargo para sorpresa mía hace unos días mi pequeña hija, quien visitaba a sus abuelos en la ciudad de Chachapoyas, me contó que estuvo en un parque bonito en las pampas de Higos Urco. Inmediatamente indagué y pude constatar que efectivamente hay un pequeño espacio verde con algunos árboles en un costado de las pampas, no sé a quién se le ocurrió magnífica idea pero ese es el tipo de espacios públicos del futuro. Claro que un espacio así se necesita cierto presupuesto adicional para su mantenimiento permanente, diseño paisajístico, servicios y seguridad, pero les aseguro que si un alcalde tiene la fabulosa idea de repotenciar este parque y convertirlo en un atractivo de la ciudad no solo será la persona más amada por los niños chachapoyanos sino pasará a la historia como un visionario, de los que tanto necesitamos en nuestra bella ciudad de la frontera.