La última oportunidad

ForestalEntre el año 2001 y el 2014, de acuerdo a datos recogidos por el MINAM y el SERFOR, la tasa de deforestación en Perú se incrementó paulatinamente desde los 80 mil a las 140 mil hectáreas por año, el acumulado en dicho periodo alcanza una cifra cercana a 1´400,000 hectáreas. Para poder tener una idea de lo que está pasando podemos decir que hoy en día se destruye una hectárea de bosque natural cada 5 minutos. Paradójicamente en el mismo periodo de tiempo, el presupuesto institucional modificado (PIM) en materia ambiental se incrementó desde los 1500 a los 3000 millones de soles.

Las tres principales causas de la deforestación en nuestro país son, en orden de incidencia; la agricultura, la expansión de la infraestructura (sobre todo carreteras), y la extracción de madera para fines comerciales y para combustible. Sin embargo estas causas tienen al mismo tiempo factores subyacentes, entre ellas la baja rentabilidad de las actividades forestales en comparación con otros usos de la tierra, el limitado acceso a los mercados para los bienes y servicios forestales, las políticas públicas basadas en enfoques sectoriales descoordinados, contradictorios o incoherentes, las limitadas capacidades institucionales, el bajo nivel de seguimiento, control y sanciones por el uso inadecuado de la tierra, el crecimiento demográfico, la pobreza y exclusión social, tanto dentro de la Amazonía como en las regiones expulsoras de migrantes, y claro, también un limitado factor tecnológico que no nos permite innovar para lograr un desarrollo sostenible en el tiempo.

Como vemos, el problema del llamado sector forestal no solo es de regulación o mejora de algunos procedimientos para el acceso a los recursos del bosque, sino de una serie de factores económicos, sociales y tecnológicos que debemos abordar en toda su magnitud para poder realmente definir el problema. Para aguar más el panorama agrego el factor ecológico, cosa que, discúlpenme mis amigos forestales, solamente lo pueden determinar los que buscan entender al bosque, no al árbol. Un simple ejemplo; especies de madera dura como el tornillo (Cedrelinga spp.), la cumala (Virola spp.), el cedro (Cedrela spp.) o el shihuahuaco (Dypterix spp.) necesitan de al menos 40 años para poder alcanzar un estadio maduro y comercialmente importante, en algunos casos como el shihuahuaco se necesita hasta de un siglo para tener un árbol adulto. Entonces, si los planes de corta de árboles son de ciclos de 20 o 30 años, no habrá mucho que aprovechar al completar el ciclo, salvo las especies de crecimiento rápido como la capirona (Calycophyllum spruceanum) o la bolaina (Guazuma ulmifolia) que son especies limitadas a zonas inundables y alteradas. A esta condición de crecimiento lento de especies comercialmente importantes, también debemos agregar la heterogeneidad en su distribución; en 1988, en los bosques de Loreto, el prolífico botánico Alwyn Gentry pudo contabilizar 300 especies mayores a 10 cm de diámetro por hectárea (sigue siendo un récord mundial), es decir, la frecuencia de especies por unidad de área es muy baja, esto complica aún más las condiciones para un aprovechamiento sostenido porque se necesitarán de extensas áreas de bosques para poder aprovechar las especies de valor comercial.

Esa es la principal razón por la que un empresario forestal que desea ser competitivo en un bosque tropical, necesita de una gran superficie de bosque para poder lograr rentabilidad comercial, y ese es justamente el gran error en el que nuestro país viene insistiendo por décadas, creer que los bosques son áreas inhabitadas, infinitas y con increíbles volúmenes de madera comercial que algún día nos catapultará al olimpo de los países forestales. Es necesario despertar y afrontar la realidad, esa manera de pensar solo acrecienta la crisis social, ecológica y económica que tiene este sector desde hace más de 40 años.
El cambio de paradigma del sector forestal si es que alguna vez quiere ser realmente competitivo se encuentra en dos estrategias que ya han sido ampliamente detalladas; la conservación del bosque tropical y la recuperación de las áreas deforestadas.

La estrategia de conservación está orientada al aprovechamiento de mercados emergentes como las actividades productivas bajas en carbono o de carbono cero. Es decir, aprovechar los bosques como una fuente de secuestro de carbono y provisión de servicios ecosistémicos en la que podamos acceder a inversiones promovidas por los acuerdos internacionales como el de cambio climático o el de la lucha contra la desertificación. Esto también incluye el impulso de actividades productivas más sostenibles como el caso de la acuicultura, el turismo, la agroforestería, extracción de frutos y resinas, y claro que también la producción de madera pero en condiciones especiales, teniendo en cuenta los procesos ecológicos y no en una carrera de quién gana el premio de extinguir localmente más especies para poder empezar a desaparecer otras.

En la segunda estrategia sobre recuperación de áreas deforestadas está el futuro del sector forestal, y aquí se necesita del compromiso serio del Estado desde el principio, no solo en su calidad de regulador sino sobre todo como socio estratégico en la inversión. La recuperación de las 8 millones de hectáreas deforestadas necesitará de mecanismos innovadores de gestión como la creación de programas de reforestación con acceso a créditos blandos para pequeños y medianos parcelarios, incentivos tributarios a empresas que invierten en plantaciones, generación de insumos y capacidades técnicas para plantaciones forestales, seguros forestales contra todo tipo de riesgos, entre otros aspectos que aún no hemos desarrollado, y solo después podremos decir que el Perú es un país forestal. Países líderes en la producción forestal como Chile, Brasil, China o Estados Unidos de Norteamérica son lo que son por sus plantaciones forestales, en donde la relación de volúmenes de producción versus unidad de área no es comparable con nuestra la producción de madera en bosques naturales tropicales.

Tenemos grandes ventajas competitivas para la reforestación y por lo tanto para la producción forestal, desde una riqueza de especies de rápido crecimiento hasta extensas áreas por recuperar, solo debemos ser los suficientemente maduros para aceptar que hemos estado haciendo las cosas de manera errada porque en 20 años más no habrá una segunda oportunidad.

Por: Mirbel Alberto Epiequien Rivera
(Asesor – Instituto de Biodiversidad y Paisajes)
T: 980895864 / 2752594