Muerte Ingrata, lo mejor nos arrebatas!

Hace unos días al enterarme del serio deterioro de la salud del Profesor Manuel Angulo Reyes, la noticia me golpeó tanto y por muchas razones.

Viví en mi infancia en su casa y el cariño que allí recibí de sus padres creo fueron un buen ejemplo para moldear mi vida y aprender lo que es ser un ser de bien. Lo que ellos vertían era ese amor con sabor a inocencia, con esa simple, suprema y sóla gana de dar amor.

Por eso sus patios, sus zaguanes y sus huertas están impregnadas de mis correrías, mis gritos, mis fantasías y mis sueños junto a la sonrisa protectora de esos seres maravillosos: Don Victor Angulo y doña Luchita Reyes.
Manuel heredó la nobleza de sus padres y aunque en esa época no pude gozar de su bondad, porque en tiempo escolar él ya estaba en la Universidad en Trujillo y en vacaciones nosotros íbamos a Chilingote; pero con los años cada vez que iba a Chachapoyas era recibido por su sonrisa amable y el amor duplicado de papá y mamá.

Cuando mi Mamita María murió el por teléfono me dijo : “ Hermano esta es vuestra casa, por favor que la ceremonia sea aqui” y así fue. Desde esa amplia casa la familia y amigos se despidieron de mi viejita. Y cuando mi hermana Enita falleció igual fuimos a su casa y pude llorar en ese huerto de mi infancia donde Manuel a todo el que llegaba le tenía que mostrar con orgullo “ El árbol de Homero Oyarce” pues de niño no se de dónde conseguí una ramita de Olivo y lo planté y ahí está ese maduro árbol junto a un Chirimoyo que generoso me dejó trepar en sus ramas y adueñarme de sus delicias.

Mi Calle Bongará de aquellos años y mi cuadra con olor a pan recién horneado y esa patota hermosa de niños y jóvenes que nos queríamos como hermanos ya no verá caminar esa silueta bondadosa del Profesor Manuel Angulo Reyes, que nunca dejó de enseñar hasta el final lo que es la bondad, la decencia y ese humor fino que lo hizo tan especial.

Tuve mucha suerte que mi querido primo Cesar Augusto Reyes Valle le haga llegar una cartita mía donde le agradecía de que me haya dejado vivir en su corazón y después hablamos por teléfono y me saludó con alegría.

Manuelito, Hermano querido, te vas pero te quedas en nosotros para siempre. Por eso desde está lejanía te lloro y también sonrío recordándote.

California 30 de Enero 2018.

Por: Homero Oyarce