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La puta Uta en el Alto Utcubamba
18-12-2025
Por: Jindley Vargas - Presidente del FREDDICH.
- * La enfermedad desatendida que amenaza a la principal ruta turística de Amazonas.
La cuenca alta del Utcubamba, desde Pedro Ruiz hasta Leimebamba, con especial incidencia entre Caclic, Tingo y Yerbabuena, concentra hoy uno de los escenarios epidemiológicos más sensibles de la región Amazonas: la persistencia y expansión de la leishmaniasis, conocida localmente como uta o espundia. Paradójicamente, esta franja geográfica coincide con el corredor turístico más importante del nororiente peruano, donde se han invertido millones en infraestructura, accesos y promoción internacional.
Sin embargo, mientras los visitantes recorren fortalezas, cataratas y museos, una realidad silenciosa se mantiene fuera de los folletos: la presencia activa de una enfermedad tropical desatendida cuya incidencia real no se refleja en los reportes oficiales; pese a que la evidencia empírica y los testimonios comunitarios señalan casos recurrentes en el Alto Utcubamba, la zona no es reconocida con la transparencia y formalidad que amerita.
La información que se comunica a propios y extraños, turistas, operadores y población local, suele limitarse a los indicadores formales. Esa mirada incompleta deja fuera a un amplio grupo de personas quienes recurren a métodos tradicionales por falta de acceso a los servicios de salud; quienes abandonan el tratamiento debido a su toxicidad, lo tedioso de su aplicación o el tiempo que demanda; y quienes, simplemente, no llegan a ser registrados por la ausencia de atención oportuna.
Las consecuencias son graves: mutilaciones, desfiguraciones permanentes y estigmatización social, especialmente en poblaciones rurales que cargan con la enfermedad en silencio.
En la zona afectada, la atención médica enfrenta limitaciones estructurales que agravan el problema:
• Falta de medicamentos, con periodos prolongados sin disponibilidad.
• Escasez de especialistas y personal capacitado.
• Horarios de atención insuficientes para una enfermedad que requiere seguimiento continuo.
• Dependencia exclusiva de cifras oficiales, que no reflejan la magnitud real del problema.
A ello se suma una percepción creciente de falta de transparencia, pues la información epidemiológica no siempre se comunica con claridad a la población ni a los visitantes, pese a tratarse de un corredor turístico de alta exposición internacional.
El avance de la leishmaniasis en el Alto Utcubamba no es un fenómeno aislado. Especialistas advierten que:
• El calentamiento global está ampliando el rango altitudinal del vector.
• La agricultura moderna, con uso intensivo de fungicidas, está reduciendo poblaciones de insectos y organismos que naturalmente regulaban al flebótomo.
• La deforestación y el cambio de uso de suelo facilitan la domiciliación del vector en zonas antes libres de transmisión.
• El transporte de grandes volúmenes de agregados desde el valle hacia las ciudades.
El resultado es un escenario donde la enfermedad se desplaza, se adapta y encuentra nuevas oportunidades de propagación.
Aunque algunas autoridades intentan minimizar el problema para proteger la imagen turística de la región, la situación es cada vez más difícil de ocultar. La falta de medicamentos, la ausencia de especialistas y la precariedad de la atención terminan por evidenciar una verdad incómoda: la leishmaniasis está presente, avanza y afecta a poblaciones que no encuentran una respuesta adecuada del sistema de salud.
Esto ocurre a pesar de que la región cuenta con una universidad que, si bien ha producido investigaciones valiosas, aún no ha desarrollado estudios específicos sobre el vector de la leishmaniasis. Sin embargo, la institución podría convertirse en un aliado estratégico: posee una Facultad de Medicina y carreras como Antropología y Enfermería entre otras que permitirían articular un trabajo interdisciplinario para sincerar la situación epidemiológica y aportar conocimiento útil al país y al mundo. A ello se suma que en la zona existen personas que, de manera empírica, vienen tratando a algunos pacientes, pero sin que exista investigación formal sobre sus prácticas, insumos o resultados. En lugar de integrarlos a un proceso científico que permita evaluar y comprender estos saberes locales, existe una tendencia a descartarlos de plano, perdiéndose así información potencialmente valiosa para la salud pública.
La situación exige un sinceramiento epidemiológico que permita:
• Reconocer oficialmente la zona endémica.
• Actualizar los mapas de riesgo.
• Implementar vigilancia entomológica permanente.
• Garantizar medicamentos y personal capacitado.
• Informar con transparencia a turistas, operadores y comunidades.
• Integrar el conocimiento científico local en la toma de decisiones.
La leishmaniasis no solo es un problema de salud: es un desafío para el turismo, la economía local y la credibilidad institucional. Ignorarla no la hará desaparecer. Y conviene decirlo sin rodeos: el silencio cómplice, esa vieja costumbre de esconder los problemas para “no perjudicar la imagen”, es parte del problema, no de la solución. Callar no protege a la región; protege a la enfermedad.
La única forma real de cuidar a la población y al sector turístico es enfrentar la situación con datos, prevención y políticas claras. La transparencia no espanta visitantes: espanta la improvisación. La verdad no daña la imagen: la fortalece. Y si algo necesita hoy el Alto Utcubamba es justamente eso: verdad, acción y voluntad política.
Estamos ad portas de un proceso electoral. Este no es un tema para barrer bajo la alfombra, sino para ponerlo en la agenda pública con la seriedad que merece. Quien aspire a gobernar no puede seguir mirando hacia otro lado. La salud pública no es un “trapito sucio”: es una responsabilidad ineludible. Y la región ya no está para autoridades que teman a la verdad.
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