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El valor ya es aeródromo: Que los políticos asuman la verdad y dejen la hipocresía en sus discursos.

28-02-2026

El valor ya es aeródromo: Que los políticos asuman la verdad y dejen la hipocresía en sus discursos.

 

Por: Jindley Vargas

 

Durante décadas, la conectividad aérea en Amazonas fue usada como arma electoral, un recurso fácil para prometer soluciones rápidas y cosechar votos. El caso más evidente fue el aeropuerto de El Valor, convertido en bandera política del norte pese a que la legislación vigente prohíbe su construcción por la cercanía con Shumba–Jaén.

 

La gestión de Gilmer Horna, con todos sus matices, tuvo el mérito de enterrar ese mito y reconocer que lo único posible allí es un aeródromo, condición aceptada por autoridades y líderes locales que hoy esperan la conclusión del expediente técnico. Con ello, la zona norte ya tiene zanjada su aspiración simbólica.

 

Ahora, la verdadera responsabilidad política se traslada al sur, donde la ampliación del aeropuerto de Chachapoyas debe asumirse como cuestión de Estado y eje estratégico de desarrollo regional. Esta obra consolidará la conectividad aérea y abrirá un horizonte de integración, turismo y progreso que dignifique a toda la región. Pero para ello, autoridades y sociedad civil deben blindar el proyecto frente a las retóricas electorales vacías, que lo usan como promesa recurrente sin ejecución real, así como de las habilitaciones urbanas clandestinas, que estarían invadiendo la Superficie Limitadora de Obstáculos (SLO) definida por la Ley de Aeronáutica Civil y la OACI, hipotecando el futuro por intereses inmobiliarios de corto plazo.

 

Sin la ampliación del aeropuerto de Chachapoyas, Kuélap y el teleférico seguirán operando en déficit, la economía regional continuará sometida al monopolio del transporte terrestre y la ciudadanía permanecerá aislada en cada emergencia, con acceso limitado a salud, educación, cultura y oportunidades empresariales. El estudio técnico de la OACI es categórico: no existe alternativa mejor que Chachapoyas, cuya pista debe ampliarse para recibir aeronaves de mayor capacidad y cuyas condiciones técnicas garantizan operaciones seguras y sostenibles.

 

El impacto socioeconómico sería superior: máxima rentabilidad, generación de empleo, dinamización del turismo y fortalecimiento del comercio y los servicios. La información técnica sobre conectividad aérea lo demuestra: con una pista ampliada a 2,500 metros de largo y 45 metros de ancho, Chachapoyas podría recibir aeronaves de mayor capacidad como el Airbus 319 o el Boeing 737-500, duplicando la cantidad de pasajeros y permitiendo vuelos regulares desde Lima y otras ciudades estratégicas. Este salto en infraestructura no solo impulsaría el turismo hacia Kuélap y Gocta, sino también el comercio local, la exportación de productos como café y frutas exóticas, y la atracción de inversión nacional e internacional.

 

La responsabilidad es ineludible: los políticos que aspiran a gobernar Amazonas deben dejar la hipocresía en sus discursos y asumir el mandato ciudadano de ampliar el aeropuerto de Chachapoyas, comprometiéndose con soluciones reales o cargando con la marca indeleble de la vergüenza de haber sido cómplices del atraso. En contraposición, los ciudadanos debemos medir las ofertas de los próximos servidores públicos antes de emitir nuestro voto. Si seguimos aceptando promesas inviables, seremos corresponsables de perpetuar la postergación. No más discursos vacíos ni promesas imposibles: lo que necesitamos es gestión responsable, decisiones objetivas y ciudadanía vigilante.

 

Mientras tanto, señor gobernador, ¿Qué acciones está tomando para impulsar el proyecto de ampliación de nuestro aeropuerto? Recuerde que está pendiente la reunión informativa postergada por parte de la Dirección General de Aeronáutica Civil y el Gobierno Regional. Le exigimos que haga las gestiones necesarias para reprogramarla como parte de una estrategia sincera y responsable en pro de dicho proyecto.

 

Y usted, señor alcalde, ¿va a seguir permitiendo que se ocupen los espacios necesarios para el aeropuerto? ¿Seguirá con su narrativa de sobrevalorar sin fundamento la ampliación? ¿O continuará como actor de relleno, fútil y agazapado en este teatro electorero, mientras la población queda a merced de las inclemencias del clima?

 

En las elecciones que se avecinan, tanto líderes como votantes tenemos un deber histórico: comprometerse con soluciones reales y sostenibles, o asumir la responsabilidad de haber perpetuado el atraso de Amazonas.

 

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